Con un modelo de atención integral para casos de hemorragia subaracnoidea, el Instituto de Neurocirugía Dr. Alfonso Asenjo promueve la rehabilitación temprana e intervención continua como elementos clave para mejorar la calidad de vida y reducir secuelas en pacientes críticos.

Según las cifras oficiales entregadas por Fonasa, en 2024 más de 1300 casos de hemorragia subaracnoidea (HSA) fueron atendidos en la red de salud pública. Entre ellos, un 9% recibió tratamiento en el Instituto de Neurocirugía Dr. Alfonso Asenjo (INCA), concentrando el 13% de mayor severidad a nivel nacional.
Este es un problema que suele ser causado por traumatismos craneoencefálicos, rupturas de aneurismas intracraneales, malformaciones arteriovenosas, disección de arterias intracraneales, diátesis hemorrágica y consumo de fármacos o drogas, como anfetaminas y cocaína.
Dependiendo de la complejidad y condiciones del o la paciente se opta por el abordaje más adecuado. “De forma internacional, estos problemas se manejan a través de un equipo bien afiatado que pueda hacer los procedimientos endovascular y quirúrgico. En el Instituto estamos bastante bien, porque existe la posibilidad de realizar ambos”, destacó el neurólogo y jefe técnico de la UCI Adulto INCA, Dr. Christian González.
Para determinar el tratamiento, primero se debe identificar el origen realizando exámenes, como angiografías para evaluar el estado de los vasos sanguíneos del cerebro. Con esta información el equipo clínico desarrolla un plan de trabajo para detener el sangrado y abordar las complicaciones adyacentes, si las hubiera.
Aunque ambos abordajes entregan soluciones efectivas, persiguen distintos objetivos. Por ejemplo, un procedimiento endovascular buscará evitar un re sangrado para disminuir la mortalidad, la cual aumenta cada vez que esto ocurre. Mientras que el tratamiento quirúrgico permitirá solucionar los problemas derivados de la lesión, como hematomas, sangrado a ventrículos o hidrocefalia.
Luego de la intervención, viene observación y evaluación. Para esto, en promedio las y los pacientes permanecen cerca de veintiún días en el hospital, los primeros catorce en la Unidad de paciente crítico (UPC) y los últimos siete en cama básica. “De nada sirve embolizar un aneurisma si el seguimiento no es bueno. Es necesario estar evaluando varias veces durante el día para ver si presenta algún tipo de complicación y si eso pasa, tratarlo de la forma adecuada”, advirtió el Neuro radiólogo INCA, Dr. Daniel Echeverría.
Intervención diaria para la rehabilitación
Las secuelas de la hemorragia subaracnoidea dependerán del área afectada, pudiendo generar alteraciones conductuales, cognitivas o motoras. Para combatir estos efectos es necesaria la evaluación e intervención temprana, mientras sana el cerebro.
Este proceso de curación inicia el primer mes con la desinflamación y recuperación del tejido, desechando las células muertas producto de la lesión. Alrededor de éstas, otras neuronas toman la labor de aquellas dañadas, generando conexiones nerviosas que ayudan a recuperar funciones que se vieron afectadas, lo que se denomina como neuro plasticidad.
Es en ese momento cuando equipo de rehabilitación inicia su trabajo en la UPC, poco después de la intervención endovascular o quirúrgica. “Apuntamos a poner todo nuestro esfuerzo en este primer periodo, para que la neuro plasticidad o el proceso de aprendizaje se realice de la mejor forma posible”, señaló la neuro fisiatra y jefa de Medicina Física y Rehabilitación INCA, Dra. Tatiana Grez.
Esta intervención dependerá del nivel de conciencia y condición clínica del o la paciente, por lo que a diario son evaluados con un examen neurológico que ayuda a pesquisar paresias o déficits. “Tenemos una alta casuística de estos casos, por lo que la constante neuro monitorización y seguimiento nos ayuda a reaccionar ante complicaciones como el vasoespasmo, evitando secuelas posteriores”, comentó el Kinesiólogo y Coordinador del equipo de rehabilitación UPC Adulto INCA, Rodrigo Llantén.
De este modo, durante los primeros cuatro días el equipo realiza el manejo en cama, para evitar riesgos de re sangrado. A partir del décimo, si no existen complicaciones, aumentan la movilidad levantando a la o el paciente de la cama. Y desde el día catorce, estos salen de la UPC para continuar su rehabilitación en sala, ya que los riesgos de vaso espasmo se mantienen hasta el día 21.